Muchas de las consultas que recibo de madres, padres y docentes tienen un hilo común: “¿Cómo puedo ayudar a mi hijo o hija a confiar más en sí mismo?”, “¿Por qué se frustra tanto cuando algo no le sale?” o “¿Cómo puedo reforzar su autoestima sin sobreprotegerle?”.
Cuando hablamos de niños y niñas de entre 3 y 6 años, hablar de autoestima no es un tema menor. En esta etapa se están construyendo los cimientos de cómo se verán a sí mismos en el futuro. No es una exageración decir que muchas de las creencias que tendrán sobre sus capacidades, su valor personal o su forma de relacionarse con los demás comienzan a formarse aquí.
Y en este proceso hay dos escenarios fundamentales: la familia y la escuela. Ambos contextos influyen profundamente en cómo el niño o la niña se percibe a sí mismo.
¿Qué entendemos realmente por autoestima en la infancia?
En edades tempranas, la autoestima no se manifiesta con frases elaboradas sobre uno mismo. Se muestra de formas mucho más sencillas:
- Un niño que se atreve a intentar algo nuevo.
- Una niña que acepta equivocarse y vuelve a probar.
- Un niño que expresa lo que siente sin miedo.
- Una niña que puede separarse de sus padres con seguridad al llegar al colegio.
La autoestima en esta etapa no significa pensar que todo lo hacemos perfecto, sino sentir que somos valiosos, capaces y queridos incluso cuando algo no sale bien.
Y aquí aparece un punto clave: los niños no construyen su autoestima solos. La construyen a partir de la mirada que reciben de los adultos que les rodean.
La mirada del adulto: el espejo emocional de la infancia
Entre los 3 y los 6 años, los niños interpretan el mundo a través de las reacciones de los adultos. Las palabras, gestos y actitudes que reciben actúan como un espejo.
Cuando un niño escucha con frecuencia:
- “Confío en que puedes hacerlo”
- “No pasa nada si te equivocas”
- “Estoy orgulloso de tu esfuerzo”
…empieza a interiorizar un mensaje muy poderoso: soy capaz y merezco la pena.
En cambio, cuando predominan mensajes como:
- “Siempre lo haces mal”
- “Déjalo, ya lo hago yo”
- “Mira cómo tu hermana sí puede”
…el niño puede empezar a construir una imagen más frágil de sí mismo.
No se trata de buscar la perfección como madres, padres o docentes. Se trata de ser conscientes del impacto que tiene nuestra forma de acompañar.
Situaciones cotidianas donde se construye (o se debilita) la autoestima
En la vida diaria aparecen muchos momentos que pueden convertirse en oportunidades para fortalecer la autoestima infantil.

1. Cuando algo no les sale bien
Una escena muy común: un niño intenta hacer un puzzle o un dibujo y se enfada porque no le sale.
Muchas veces nuestra reacción automática es:
“No pasa nada, es muy fácil, mira cómo se hace.”
Sin querer, estamos enviando un mensaje implícito: yo lo hago mejor que tú.
Una alternativa más constructiva sería:
- “Veo que te estás esforzando mucho.”
- “A veces cuesta un poco, ¿quieres que lo intentemos juntos?”
- “¿Qué podrías probar ahora?”
Aquí estamos reforzando el proceso y el esfuerzo, no solo el resultado.
2. Cuando comparan o se comparan
En el colegio o en casa es muy frecuente escuchar frases como:
“Es que Marta dibuja mejor que yo.”
En ese momento es importante no negar la emoción ni caer en comparaciones.
Podemos responder:
- “Cada persona tiene su manera de dibujar.”
- “Lo importante es que disfrutes haciéndolo.”
- “¿Qué parte de tu dibujo te gusta más?”
La autoestima se fortalece cuando el niño aprende a mirarse a sí mismo sin compararse constantemente.
3. Cuando tienen miedo a intentar algo nuevo
Muchos niños dicen:
“No puedo”
“No sé hacerlo”
A veces no es falta de capacidad, sino miedo a equivocarse.
Aquí podemos introducir una pequeña transformación en el lenguaje:
En lugar de “no puedo”, enseñarles a decir:
“Todavía no me sale.”
Ese “todavía” abre una puerta enorme al aprendizaje.
4. Cuando necesitan autonomía
Entre los 3 y los 6 años aparece una fuerte necesidad de independencia:
- ponerse los zapatos
- recoger sus juguetes
- ayudar en pequeñas tareas
A veces, por prisa o comodidad, los adultos lo hacemos por ellos.
Pero cada pequeña oportunidad de hacer algo por sí mismos es una inversión directa en su autoestima.
Cuando un niño escucha:
- “Gracias por ayudar”
- “Lo has intentado tú solo”
- “Cada vez te sale mejor”
empieza a sentirse competente.
El papel de la escuela en la autoestima infantil
El aula es uno de los primeros espacios sociales donde los niños empiezan a construir su identidad fuera de la familia.

Aquí influyen mucho aspectos como:
- el reconocimiento del esfuerzo
- el respeto a los ritmos individuales
- la gestión de los errores
- la convivencia entre iguales
Un aula que favorece la autoestima es aquella donde:
- equivocarse es parte del aprendizaje
- todos los niños encuentran algo en lo que destacar
- se valoran los avances, no solo los resultados
Las palabras del docente tienen un peso enorme en esta etapa.
Una frase tan simple como:
“Me encanta cómo lo has intentado”
puede cambiar la forma en que un niño se percibe a sí mismo.
Algunas propuestas prácticas para casa y escuela
Desde mi experiencia acompañando a familias, hay pequeñas acciones que tienen un impacto muy grande.

1. Practicar el elogio consciente
No se trata de decir “qué bien todo” constantemente.
Es más útil describir lo que vemos:
- “Has recogido todos los bloques.”
- “Te has concentrado mucho en ese dibujo.”
Esto ayuda a los niños a reconocer su propio esfuerzo.
2. Permitir pequeños retos
La autoestima crece cuando superamos desafíos.
Podemos proponer retos adecuados a su edad:
- ordenar su mochila
- servir agua en la mesa
- elegir su ropa
- ayudar a preparar una merienda
No importa si no sale perfecto.
Lo importante es que sientan que pueden participar y aportar.
3. Normalizar el error
Un ejercicio muy potente es que los propios adultos compartamos nuestros errores:
- “Hoy me equivoqué en algo en el trabajo.”
- “Al principio no sabía hacerlo, pero aprendí.”
Esto enseña a los niños que equivocarse no es un fracaso, sino parte del aprendizaje.
4. Crear momentos de conexión
La autoestima también se nutre de sentirse visto y escuchado.
A veces bastan 10 minutos de atención plena:
- leer un cuento juntos
- jugar sin distracciones
- hablar sobre cómo ha ido el día
Estos momentos transmiten un mensaje muy profundo:
“Eres importante para mí.”
Una idea final para las familias
Si hay algo que me gusta recordar a las familias que acompañamos desde el ámbito educativo y emocional es esto:
Los niños no necesitan padres perfectos. Necesitan adultos presentes, que confíen en ellos y les permitan crecer.

La autoestima no se construye con grandes discursos, sino con pequeños gestos cotidianos repetidos día tras día.
Una mirada de confianza.
Una oportunidad para intentarlo.
Una palabra que acompaña en lugar de juzgar.
Porque cada vez que un niño siente:
“Confían en mí”
estamos ayudándole a construir una voz interior que, con el tiempo, le dirá:
“Yo también confío en mí.”
Y esa voz, sin duda, será uno de los regalos más valiosos que podemos ofrecerles en la infancia.
Artículo de: María Fanjul y Marisé Fanjul




