Queca Mandiles

         

   

EL PLAN DE ADAPTACIÓN EN EL COLE «DE MAYORES»

La llegada al colegio “de mayores”, especialmente en 3 años, es un momento muy importante en la vida de los niños y también de sus familias. Supone un paso hacia un mundo nuevo: nuevos espacios, nuevos adultos de referencia, nuevos compañeros y nuevas rutinas. Por eso, desde el punto de vista psicológico y pedagógico, existe el plan de adaptación: un tiempo pensado para que cada niño pueda acercarse poco a poco a esta nueva realidad con seguridad y confianza.

A los 3 años, los niños todavía están desarrollando su sentido de seguridad emocional. Necesitan tiempo para conocer, observar y sentirse parte del entorno. Adaptarse no significa solo quedarse en el aula sin llorar; significa crear vínculos, confiar en los adultos del centro, entender las rutinas y sentirse capaces dentro del nuevo espacio. Cada niño tiene su propio ritmo, y respetarlo es una manera de cuidar su bienestar emocional.

En esta etapa también es importante que los niños comiencen el colegio sin pañal y con control de esfínteres (pis y caca), ya que forma parte de su desarrollo evolutivo y de su autonomía personal. A estas edades, muchos niños ya están preparados para iniciar o consolidar este aprendizaje.

Desde la psicología infantil sabemos que el control de esfínteres no debe vivirse como una presión, sino como un proceso natural de maduración. Algunas pautas que pueden ayudar en casa son:

  • Observar señales de preparación: cuando el niño avisa de que está mojado, se esconde para hacer caca, o muestra interés por el baño.
  • Establecer rutinas: sentarlo en el orinal o en el baño en momentos clave (al levantarse, antes o después de comer, antes de dormir).
  • Normalizar el proceso: hablar del tema con naturalidad, leer cuentos sobre dejar el pañal o imitar a hermanos mayores.
  • Reforzar los pequeños logros: valorar el intento y el esfuerzo más que el resultado.
  • Evitar castigos o comparaciones: cada niño madura a su ritmo.

El objetivo no es hacerlo perfecto desde el primer día, sino acompañar con paciencia un aprendizaje que fortalece su autonomía y autoestima.

No hay que agobiarse pero sí hay que ser constantes y no dejarlo para última hora, para el último mes o últimos 15 días antes de empezar el curso escolar porque es ahí cuando aparecen los nervios y se genera más ansiedad en los niños, así como más presión. Empezar meses antes de que comience el curso, con calma, aprovechando que hay mejor tiempo en los meses de verano y reforzar positivamente sus avances (mientras tanto, es aconsejable llevar mudas en el coche o en la mochila por los posibles…*accidentes» durante el proceso.)

El segundo ciclo de Infantil es también una etapa maravillosa para desarrollar la autonomía personal. En el aula, los niños empiezan a asumir pequeñas responsabilidades que les ayudan a sentirse capaces:

  • Merendar de forma autónoma, abrir su mochila o su recipiente.
  • Ponerse y quitarse el abrigo o el mandilón.
  • Cuidar de sus pertenencias y reconocer sus cosas.
  • Aprender a hacer fila y respetar turnos.
  • Escuchar cuentos y mantener la atención durante pequeños periodos.
  • Observar, preguntar y explorar el mundo que les rodea.

Todo esto se acompaña con actividades de psicomotricidad gruesa (correr, saltar, trepar, coordinar el cuerpo) y psicomotricidad fina (pintar, recortar, manipular objetos), fundamentales para su desarrollo global.

Para que esta etapa sea positiva, la comunicación entre familia y tutor o tutora es esencial. Cuando familia y escuela comparten información, inquietudes y avances, se crea una red de seguridad para el niño.

Las familias pueden colaborar mucho:

  • Confiando en el proceso educativo.
  • Transmitiendo seguridad a sus hijos en la despedida.
  • Reforzando en casa las rutinas de autonomía.
  • Manteniendo un diálogo abierto y respetuoso con el profesorado.

Es normal que aparezcan miedos o dudas al dejar a los hijos en un colegio que parece “de mayores”. Pero también es una gran oportunidad para que los niños crezcan, descubran nuevas capacidades y desarrollen confianza en sí mismos.

Cuando familia y escuela caminan juntas, el mensaje que recibe el niño es muy poderoso: “Confiamos en ti. Estás preparado para este nuevo paso.”

Y desde esa confianza, poco a poco, los niños aprenden algo fundamental: «que crecer no significa hacerlo solos, sino sentirse acompañados mientras descubren todo lo que son capaces de hacer. «

Por ello, recomendamos que los mensajes hacia vuestros peques sean positivos como : «Ya verás lo bien que lo vas a pasar», «Vas a disfrutar mucho con tus compañeros», «Te reirás mucho jugando»… y tratar de evitar mensajes erróneos como «entra que ya vengo a buscarte en un rato», «hago un recado y vuelvo»,… porque, a algunos peques, pueden generarle ansiedad y estar en tensión a la espera de que lleguen a por él o ella. Por lo que debemos optar por mensajes de ánimo, reales, de refuerzo positivo porque, aunque sean pequeños, poseen fortalezas positivas que deben aprender a sacar partido de ellas.